14.2.17

XIV



Sabes...no sé muy bien por qué pero últimamente he tenido que hablar de ti muchas veces. No es que ello suponga un problema, al contrario, sé que mi semblante debe cambiar cada vez que por una u otra causa lo hago. No te puedes imaginar la alegría que me dio oír a varios de tus antiguos compañeros en distintas ocasiones loarte y describirte tal y cómo te recuerdo.
Me encanta hablar de ti, me encanta recordarte, me encanta escuchar batallitas en las que te viste inmerso.
Por aquí todo sigue evolucionando, hay cambios, unos los aprobarías, otros sé que no... siempre os caísteis muy bien y os tenéis cariño y admiración mutua... ¿Qué le vamos a hacer? A mi manera siempre te di las grandes alegrías y los mayores dolores de cabeza...
Por otro lado el pequeño M. ha llegado con el firme propósito de hacerse un hueco en la trupe, apunta buenas maneras...
¿Sabes? Dado que la vida es cíclica hay un miembro de la familia buscándose la vida por Alemania, nosotros y Alemania es una historia de idas y vueltas, de idas y venidas...

Por lo demás, todos te recordamos, todos te echamos de menos, cada vez que te apetezca hazte presente por la vía que escojas...¡Ah! y cuida a Mamá...te sigue añorando mucho, y ya sabes cómo es...

#puto14F!


Un saludo a tod@s

Un solo ser nos falta y todo está despoblado.
Alphonse de Lamartine (1790-1869) Historiador, político y poeta francés.

11.2.17

Mis cuentos (XV): Y sonó la campana...



Vueltas, vueltas y más vueltas era la quinta noche que cenaba lo mismo…ya ni esperaba que estuviese terminado, lo sacaba del microondas cuando le parecía que estaba hecho…
Recordaba cómo en sus inicios de su relación y vida con Rocío era tradicional que la campana del microondas donde calentaban su cena en común les pillase enfrascados haciendo el amor después de una ducha reparadora postlaboral.
La verdad es que Germán estaba triste, él había pensado que aquella relación sería para siempre, echaba de menos sus besos y sus caricias, y el dichoso microondas los traía a su mente.
Era sábado, Germán había salido a cenar con Carmen, esa compañera del trabajo que le resultaba tan simpática y con la que perdió aquella apuesta sobre el número de “me gustas” que recibiría aquel video de la caída en la cena de Navidad de la empresa.
-          Pues sí, chico, el guacamole está insuperable, no has escatimado en gastos y estás pagando la apuesta con toda la dignidad.
Germán percibió un cambio, aquellos ojos le miraban de forma diferente…aquella no era una mirada de simpatía…esa caída de mirada significaba otra cosa…
Tras la cena, vinieron los postres, y tras éstos las copas…
-          Germán, ¿te tomas una última copa en mi casa?
-          Pues…una copa no…pero aunque no quede muy atractivo…te lo cambio por una infusión…que creo que ya he bebido de sobra…
-          ¿Una infusión? Ja, ja, ja…vale, alguna tendré
Los besos se hicieron más largos en el ascensor…
-          Bueno, te voy a preparar tu infusión…
El microondas dio vueltas y vueltas…

Sonó la campana, Carmen fue a preparar la infusión y cuando regresó al salón, encontró a Germán llorando a moco tendido. 


Un saludo a tod@s.


El corazón es centro, porque es lo único de nuestro ser que da sonido.
María Zambrano (1904-1991) Filósofa y ensayista española.

2.2.17

Mis cuentos (XIV): El Beso...


¿Pero qué le corre a éste por las venas?...pensaba Silvia...

Una cita, una cena maravillosa, miradas que no era la comida lo que decían qué querían devorar...un café, una copa...y después...¿nada?...¿Cómo es posible?

¿Pero en qué piensa? Tan tímido no parece...

Habrá que volver a quedar...¡Hombres!

Pensó: un sitio de tapas, una barra, siempre favorece mejor el acercamiento que la frialdad y distancia de la mesa de un restaurante...

Y sí, el sitio magnífico, el ambiente estupendo, ni vacío ni agobiante, las tapas de diseño pero sin perder un ápice de sabor, el vino en su punto justo, ni frío, ni templado; un café, una copa...
¿Tampoco? ¿Pero qué quiere este tipo? ¿No le gustaré y lo que quiere es conversar?

- Adiós, hasta la próxima, nos llamamos...
- Ciao

El tercer bar tampoco estaba mal, modernito, pero sin estridencias, y la comida le habían dicho que allí estaba buenísima...
optó por pedir una cerveza, David la imitó, mejor una sin alcohol, dijo.
- Una con y una sin, por favor...
El camarero le puso a Silvia la sin...¡dichosos estereotipos machistas!, tranquila, no puedes enojarte y perder tu objetivo...

En la segunda cerveza, David la miró de nuevo a los ojos, le acarició la cara con el dorso de la mano y acercó sus labios, dándole un casto beso en la mejilla. 
- ¡Qué guapa eres, Silvia!

Ésta, en lugar de responder, agarró su coronilla y le dio un largo beso en los labios. No ocurrió nada más... David, rojo como el pimiento del piquillo del que estaba loando su salsa fue incapaz de volver a mirarla durante el resto de la comida.

Menos mal que me has besado, le dijo al salir... David no supo qué contestar...



Un saludo a tod@s

El más difícil no es el primer beso sino el último.
Paul Géraldy (1885-1983) Poeta y dramaturgo francés.


22.1.17

Mis cuentos (XIII): Oscuro...


Abrió los ojos, no veía nada, no recordaba dónde estaba ni qué había pasado...le dolía la pierna izquierda, el suelo estaba duro, el ambiente viciado, casi irrespirable…¡claro! De pronto todo vino a su cabeza: ¡la explosión y el derrumbamiento!
-         -  ¡Juan!
 Gritó, estaban en la mina, comenzó a oír algunos lamentos ahogados, intentó incorporarse y fue como si le hubiesen clavado un cuchillo a la altura de la rodilla.
-          - Antonio, Canijo… ¿alguno estáis? ¡Decid algo!
-          - ¿David? ¿Cómo estás? ¿ Te funciona la luz?
-          - A mí no, vamos que la he perdido. ¿Quién eres, no te identifico la voz?
-          - Fernando, el cordobés.
En ese momento se iluminó un rincón, David comenzó a renquear en esa dirección, cayó un par de veces, al llegar comprobó que el Canijo no podía hablar pero sí había conseguido encender su lámpara. Consiguió calmarlo e incorporarlo, estaba en shock.
-         - Cordobés, ¿dónde estás?
Con la luz del Canijo consiguió encontrarlo porque éste no dejaba de gritar, estaba atrapado bajo un puntal, con su ayuda consiguió liberarlo. Ambos hicieron memoria…
Estábamos ocho: nosotros dos , el Canijo, Antonio, el Abuelo, Martín, Herme y Pepe. Vamos a buscar, guiándose por su instinto, recordando dónde estaba trabajando cada uno fueron encontrando a la mayoría, ayudándolos y valorando las heridas y contusiones que cada uno tenía. Encontraron dos de las emisoras y rápidamente Herme y Antonio que eran los que peor movilidad tenían se dedicaron a intentar usarlas para pedir socorro.
El Abuelo apareció, era el que peor suerte había tenido, estaba trabajando justo donde se había producido el desplome, había quedado completamente sepultado por cascos y puntales…había muerto.  La pena, los llantos, los lamentos se hicieron presa del pozo…Herme lloraba a moco tendido, el Abuelo era su suegro, su compañero de fatigas y su mejor amigo. Tras un rato, tal vez quince minutos, tal vez tres horas de duelo, decidieron volver a reorganizarse: David distribuyó tareas, la principal intentar contactar con el exterior.
De pronto, una especie de zumbido sonó en la emisora de Antonio:
-…psch, jjjj,… ¿alguien nos oye?
- ¡Sí, aquí le oímos!, ¡Socorro, ha habido un desplome, el Abuelo, digo Francisco, ha fallecido, el resto estamos machucados pero bien… sáquennos de aquí!
 - Tranquilo, muchacho ¿Quién eres?
- ¿Cómo  que tranquilos? ¡Antonio, soy Antonio!
- Tranquilo Antonio, ya sabemos cómo os vamos a sacar, no tardaremos mucho. No gastéis fuerzas en balde

- Vale…pero no corte la comunicación, por favor...

Un saludo a tod@s.

No hay accidente, por desgraciado que sea, del que los hombres hábiles no obtengan provecho.
François de La Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.

14.1.17

Mis cuentos (XII): Una copia fiel...



¡Qué poco en lo qué pensar tiene la gente! pensaba Juan mientras oía la radio en el atasco de cada mañana del puente del Centenario...la radio seguía con su cantinela machacona de testimonios y testigos que aseguraban haber visto un extraño objeto volante la noche anterior...en no sé qué municipio de la Sierra Sur Sevillana, una señora incluso lo había visto aterrizar y despegar...
-¡Trabajad más y dejaos de tonterías! Gritó Juan, y cambió de emisora a una radio fórmula donde sonaba Shakira y su "bicicleta"...

Al llegar a casa derrotado, Mercedes ya había llegado también.
- ¿Ya estás aquí, Amor? ¡Hoy has salido antes!

No esperaron ni a cenar para enfrascarse en una batalla de besos que terminó, cómo no podía ser de otra forma, en la cama haciendo el amor. Le gustó, claro que le gustó, le gustaba tanto Mercedes desde el primer día que la vio... sin embargo...había algo que le había resultado extraño, diferente quizás...
Desde luego, este trabajo le estaba afectando incluso el carácter...ya lo único que necesitaba era que desde la semana pasada hubiesen puesto al gilipollas de Martínez a su lado para hacerlo verdaderamente insufrible...prefirió no pensar en ello...¡además mañana era viernes!

Cenaron, Mercedes insistió en preparar la cena ella, y lo hizo regalándole la ensalada templada de verduras asadas que tanto le gustaba...aprovechó para abrir la botella de un vino de Constantina que había comprado hace un par de semanas, Borboleta, se llamaba ¡Qué maravilla de cena!...

Se ducharon juntos, se acostaron pronto e hicieron de nuevo el amor antes de dormirse...Juan se quedó dormido abrazado a Mercedes y con su cabeza dando vueltas pensando en qué le resultaba extraño de hacer el amor con ella...algo pasaba, lo había notado antes, y ahora de nuevo...pero no sabía qué...

Por la mañana, de nuevo un café rápido, de nuevo el atasco, de nuevo el programa con los avistamientos, de nuevo el enfado, de nuevo Shakira... en el trabajo, de nuevo, el capullo de Martínez y su conversación a grito pelado que versaba hoy sobre los dichosos "marcianos"...

De verdad...

Por fin a casa, y es finde...

Viernes y sábado fueron dos días maravillosos, cena, cine, cena...y mucho hacer el amor de por medio...el domingo, al despertar, Juan ya estaba verdaderamente preocupado...su mente repasa cómo era antes con Mercedes, qué era lo qué echaba de menos... 

Repasando, repasando, repasando, repasando...todo era perfecto, lo qué le hacía, cómo aceptaba, cómo proponía, sus besos, el sabor de su piel, su olor...su olor...¿su olor?...¡Eso era!
¡SU OLOR! A él le encantaba cómo olía Mercedes, máxime cuándo hacían el amor...y ¡juraría que ahora no huele!

La abrazó en la cama, y volvieron a hacer el amor, aunque hay que decir que Juan estaba mucho más pendiente de otra cosa, parecía un lebrel oliendo a Mercedes todo el tiempo...

-¡No huele! (decía para sí), ¡No huele!

- Amor, ¿tú has cambiado de gel o de perfume?
- Jajaja, ¿Yo? No, ¿Por qué?
- No, por nada, por nada...
- Desde luego estás más raro…

Qué mal día pasó, pensativo, observando a Mercedes todo el tiempo...ella hasta terminó enfadándose con él y se fue a la cama...Juan quedó allí sentado en el sofá frente a la tele... y la tele largando programas insulsos...

Cuarto milenio, bienvenidos a la nave del misterio...soñoliento y pensativo, a veces, Juan miraba o atendía a lo qué decía el presentador...
-...entonces... ¿usted cree que el objeto lo que ha hecho es abducir personas? 

¡Es lo único que Juan necesitaba una ración extra de OVNIs antes de mañana en la radio!

-Abducir, no exactamente...han cambiado a muchas chicas por una copia fiel de las mismas...un clon...con el objeto de procrear con humanos...

Cuando un casi iracundo Juan por fin encontró bajo un cojín el mando a distancia que buscaba hacía rato para acallar aquella sarta de tonterías...oyó responder a la experta a la pregunta del presentador.

- ¿Y cómo sabemos si estamos ante una de ellas?
- Es muy fácil: No tienen olor corporal.

El mando cayó al suelo…




Un saludo a tod@s

Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.
Gabriel García Márquez (1927-2014) Escritor colombiano.

4.1.17

Mis cuentos (XI): Alegría...


Circulaban historias por la balda 3, la de artículos navideños, fomentadas principalmente por aquel San José al que se le borró un ojo y volvió a la misma (que Hassan era siempre de darle una segunda oportunidad a los artículos) o el buey que porque perdió un asta también regresó… que si te colocaban sobre un suelo de polvo de madera, que si los niños jugaban contigo, que si (incluso a veces) te ponían un tipo haciendo sus necesidades cerca, rodeado de luces centelleantes; el buey incluso contaba que había unas gallinas de mayor tamaño que él…¡Qué exagerado!
En éstas un día llegó a la tienda de Hassan un chico rubio de unos tres años, con dos enormes ojos almendrados de la mano de su padre.
-       -   Por fi, papi, ¿Lo vamos a comprar?
-        -  Claro, hijo
Se llevaron el lote completo: El misterio, el ángel, la mula, el buey, los tres Reyes con sus camellos y sus correspondientes pajes. Hassan había aprovechado para darle la oportunidad merecida a Orión, aquel camello de Baltasar con sólo 3 patas y media.
Al llegar a casa, las figuras aterradas sin saber lo que les esperaba, comenzaron a ser colocadas sobre una mesa en un pasillo de una casa pequeña pero coqueta y confortable. Sin grandes estridencias, ni luces, ni polvo de madera; sólo ellos. Incluso cuando descubrieron la pata rota de Orión no se plantearon devolverle, hablaron no sé qué de la inclusividad y lo colocaron apoyado en un pequeño vasito para que pudiese cargar con Baltasar y los regalos sin caerse. Daniel, que así se llamaba el niño, alguna vez había cambiado las posiciones de algunos pero sin maltratarles. La verdad es que estaban muy contentos.
Así pasaron tres días, siempre al caer la tarde Daniel pasaba delante de ellos cargado de juguetes camino al baño…
Poco dura la alegría en la casa del pobre, dice el refrán…
Al cuarto día, Daniel preguntó: Papi, ¿Me puedo bañar con el Belén?...
A pesar de la mirada poco amigable de su madre, la respuesta que obtuvo fue:
-         - No veo por qué no
El terror se hizo presa del Belén… cuando no los miraban se abrazaban unos a otros aterrorizados. Los animales emitían todo tipo de ruidos y bufidos, sobre todo Orión, que decía ¡ni de mí van a tener piedad, que tengo media pata menos!
Daniel los echó a todos en una especie de cesto, y sin ningún tipo de consideración los arrojó a una bañera… Le desnudaron y se metió allí también.
¡Guau! Pues esto no está tan mal, decían unos…la verdad es que es muy agradable decían otros…¡y qué bien huele!. El niño en su pesebre flotaba como Moisés en el Nilo. Cuando terminaron fueron todos secados con cuidado y recolocados en su sitio, a Orión por error le colocaron a Gaspar encima, pero no le importó nada…total, estaba tan limpio y olía tan bien…

A partir de ahí y mientras duró esa Navidad todos esperaban la hora del baño con alegría, con excitación incluso. No entendían cómo los que volvían a la balda 3 se dedicaban a contar aquella sarta de patrañas para asustarlos.


Un saludo a tod@s.

La alegría ha sido llamada el buen tiempo del corazón.
Samuel Smiles (1812-1904) Escritor y reformista escocés.

31.12.16

Mis cuentos (X): El agua fría...


Obviamente el choque fue brutal, dejó recuerdos imborrables para el resto de su vida.
Está claro que aquello lo cambió como persona: el acceso a una sociedad libre, poder hablar de todo sin tener que mirar a ambos lados por si los contertulios eran de confianza, poder protestar cuando las condiciones no eran adecuadas o, simplemente, no eran las pactadas; asistir, aunque fuese como espectador, a la elección del primer ministro, las campañas, la elección del alcalde…era todo tan nuevo y tan desconocido.
De todas formas, existían similitudes: el poderoso te seguía tratando como ganado, aquí además el poderoso no sólo era el dueño, también cualquier “compañero” que por el simple hecho de ser español ya te miraba por encima (muy por encima) del hombro. No entendía el idioma, al menos no al principio, pero las miradas de soslayo, las narices arrugadas, el tono de aquel lenguaje duro y agreste no dejaban lugar a dudas. No, definitivamente, no era aquel el sitio donde quería que se criasen sus hijos y donde naciesen sus nietos. 
Al llegar a la batería de barracones dónde vivía junto a otro montón de compañeros, no sólo españoles de todas las regiones, también italianos, yugoslavos, griegos, turcos…; eran estos últimos los más desgraciados, mal mirados no sólo por los alemanes sino también por el resto y acusados por todos de oler mal, de apestar, para no andar con matices... 
Al llegar al “campamento” observó que tampoco iban a ser aquello unas vacaciones pagadas, las condiciones del local no daban mucho de sí, y el frío, ese frío de ese dichoso país, estaba y entraba por todos sitios y lugares. 
Al despertar, era importante (para él siempre lo fue) el aseo inicial: lavado, afeitado y peinado… el agua fría…helada mejor, taladraba sus manos que colocaba en forma de cuenco y de ahí su cara o su cabeza, dónde fuese arrojada con energía. Es cierto que a partir de ahí la soñolencia inicial con la que llegaba al aseo, desaparecía de un plumazo hasta el día siguiente; pero no es menos cierto que aquel agua fría…helada mejor, hacía que añorase con deleite la de su huerta en España, por mucho que aquella saliese directamente del pozo y templada no es que llegase. 
En cualquier caso, en los recuerdos que llenaban su mente, siempre recordó cómo mejoró su percepción sobre aquel país, cuando pudo entender lo que decían, cuando tuvo una casa con agua caliente y cuando vivía rodeado de los suyos; aun así al despertar siempre volvía al ritual del aseo con agua fría, es importante no olvidar nunca de dónde venimos decía…



Un saludo a tod@s

El agua es el elemento y principio de las cosas.
Tales de Mileto (624 AC-546 AC) Filósofo y matemático griego.